Guggenheim

“No se pintan muchos retratos buenos hoy en día y creo que es por culpa de toda esta guerra, del mercantilismo y del fascismo, por lo que paulatinamente los seres humanos se han ido devaluando, se han despreciado, han sido rechazados y degradados”
Alice Neel: Mike Gold, Daily Worker (Nueva York), 1950

Comprometida durante toda su vida con la política progresista, Alice Neel trabaja en las décadas de 1930 y 1940 para la Works Progress Administration (WPA) del programa New Deal, concebido por el presidente Franklin D. Roosevelt. Neel considera el arte como historia; su obra sirve como registro de la vida política y los acontecimientos de Nueva York. Marxista declarada, la artista rechazaba las ideas acerca de la pretendida pureza y autonomía del arte; por el contrario, su obra estaba complejamente imbricada en las cambiantes circunstancias sociales, económicas y culturales del momento. En un panorama dominado por el Expresionismo Abstracto, la figuración fue una elección política para ella, y su decisión de pintar sobre todo a personas suponía, en cierto modo, una manera de situar de nuevo al ser humano en el centro, en una época de gran incertidumbre y destrucción.