Guggenheim

Formado originalmente como escultor, Fontana desarrolló su carrera entre Argentina e Italia, y esta experiencia transatlántica definió su visión artística. Su trayectoria se inicia a mediados de la década de 1920 en Rosario (Argentina), trabajando en la empresa de su padre, Fontana y Scarabelli, que produce tumbas para los cementerios de la ciudad, poblada de inmigrantes italianos. Posteriormente, el joven artista se traslada a Milán, con el fin de aprender talla escultórica clásica en la Academia de Bellas Artes de Brera; allí afloran los primeros indicios de su antiacademicismo, y opta por la técnica del modelado frente a la talla. Durante los años treinta, el yeso, la terracota y la cerámica definen su producción figurativa, que refleja múltiples influencias, desde los sarcófagos etruscos hasta el Futurismo, y desafía las convenciones de la práctica escultórica. Adopta un estilo figurativo y realista inspirado en los sarcófagos etruscos, como ejemplifican sus retratos femeninos que, en ocasiones pinta en color o dorado. Al mismo tiempo, Fontana absorbe influencias contemporáneas, como el Futurismo, movimiento dominante bajo el régimen fascista italiano. Su trabajo fusiona géneros, temas y referencias históricas, al tiempo que desafía las convenciones de la práctica escultórica.