Guggenheim

Esther Ferrer comenzó a trabajar en sus Proyectos espaciales en los años setenta. Estas instalaciones que podemos contemplar aquí son de las más tempranas de la serie. Las diseñaba empleando estructuras de cartón o cartón pluma, similares a las maquetas arquitectónicas, en las que colocaba hilos.

La artista afirma:

Nunca he tenido especial interés en llevar a cabo mis proyectos en un espacio físico a gran escala; si la maqueta funciona, para mí la obra está hecha. Si no puedo realizarla en un espacio real no pasa nada. Lo que me interesa es el proceso.

Durante su proceso creativo, la artista fijaba los hilos en los distintos planos de la maqueta, las paredes, el techo y el suelo. Medía distancias regulares entre los puntos de sujeción de los hilos, con el fin de que, al colocarlos, parecieran líneas que atravesaban el espacio siguiendo esquemas geométricos. Sus infinitas variaciones motivaron el carácter seriado de estas obras. Variando solo pequeños detalles, como el número de hilos o la distancia entre ellos, se modificaba por completo el planteamiento matemático de bas y, de esta manera, la artista conseguía infinidad de resultados diferentes.

El hilo, el cable, el elástico o la cuerda son materiales frágiles, en algunos casos flexibles y cotidianos, que cualquiera puede tener en su casa. Ferrer los emplea en sus instalaciones, fijándolos únicamente mediante horquillas o clavos, y disponiéndolos entre las paredes desnudas, el suelo y el techo. De esta forma, con el mínimo de elementos, interviene en el espacio, otorgándole unas características nuevas que modifican la percepción del espectador.

Ferrer somete estos elementos a un intenso rigor matemático, situando las horquillas de sujeción a diferentes intervalos, medidos para generar distintos ritmos, direcciones y retículas que alteran la percepción del espacio y su tránsito. Así, a través de ángulos que se quiebran o se pliegan en las esquinas, se generan formas geométricas.

La artista ha hablado así de estas obras:

En algunas instalaciones decido someterme a una norma (es una manera de eliminar en la medida de lo posible mi subjetividad) o a un sistema que yo decido (por ejemplo, la serie de los números primos); otras, por el contrario, las estructuro de forma aleatoria, dejándome guiar por una intuición que determina su ritmo.