Guggenheim

Soto cursó sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de Caracas, donde se familiarizó con el arte moderno europeo y descubrió a artistas como Paul Cézanne y Pablo Picasso, cuyas visiones esquemáticas de la realidad supusieron una revolución para él. Atraído por las vanguardias europeas, se instaló en París en 1950, y allí fue acogido por Los Disidentes, un grupo de artistas de la diáspora venezolana que buscaban renovar el arte de su país natal promoviendo las prácticas más modernas. Durante sus primeros años en París, Soto se dedicó a tocar la guitarra en distintas formaciones para poder subsistir, y de aquella etapa data la formación del conjunto Los Yares. Su interés por las estructuras compositivas musicales también le sirvió de inspiración para elaborar trabajos seriales y variaciones, así como en el desarrollo de su propio esquema de colores.

En este contexto, las conferencias que se organizaron en el Atelier d'Art Abstrait jugaron para Soto un papel primordial en su descubrimiento de artistas como Piet Mondrian y sus austeras composiciones ortogonales; Kazimir Malevitch y su propuesta radical del monocromo blanco sobre blanco; y László Moholy-Nagy y sus teorías sobre el movimiento, la luz y la transparencia publicadas en el ensayo Vision in Motion. Por otro lado, fue crucial el encuentro del artista con los dispositivos ópticos motorizados de Marcel Duchamp, y particularmente la Semiesfera rotativa (1925) presentada en la galería Denise René como parte la exposición Le Mouvement (1955), en la que Soto también participó y donde se acuñó la denominación de Arte Cinético. A lo largo de los años siguientes, Soto profundizaría en algunas de las ideas planteadas por estos artistas precursores, llevando la investigación artística a un terreno cercano a la experimentación científica y la filosofía de la percepción. Bajo la idea de la “cuarta dimensión”, Soto plantearía la integración del tiempo y del movimiento del espectador en la obra de arte, definiendo así uno de los pilares de toda obra de arte cinética.

Soto otorgó un papel clave al espectador, ya que solo a través del movimiento de este “se pone en marcha” la obra. Su idea de que el visitante pudiera adentrarse y formar parte de las instalaciones culminó con la creación de sus Penetrables a finales de los años sesenta. Soto crea obras accesibles a todas las personas, sin marcar una diferencia de edad o de bagaje cultural, y sin aludir directamente a ningún conocimiento técnico sobre historia del arte. Por la misma razón, su trabajo se prestó a la transformación de los espacios públicos y a la creación de experiencias estéticas colectivas: desde el Muro cinético (1969) presentado en el edificio de la Unesco en París hasta Sphère Lutétia (Esfera Lutecia, 1996) mostrada en la misma ciudad tres décadas después y reinstalada ahora, con motivo de esta exposición, en el exterior del Museo Guggenheim Bilbao.

Foto: Copyright Luis Carlos Obregón