Guggenheim

Cuando, a mediados de la década de 1950, Richard Artschwager (Washington D.C., 1923–Albany, EE. UU., 2013) hizo sus primeras incursiones en el mundo del arte, muchos creadores con reconocimiento internacional comenzaban a alejarse de la abstracción y a fundar distintos movimientos en ciudades como Nueva York, Londres o París. A ambos lados del Atlántico, surgían nuevos enfoques de producción artística, en íntima conexión con los objetos de la vida cotidiana, en un momento en que la publicidad y la televisión dominaban la cultura popular.

El arte pop surgió en Inglaterra en la década de 1950 y se impuso en la escena neoyorquina en los años sesenta. Las latas de sopa Campbell (Campbell Soup Cans) de Andy Warhol se transformaron en un icono del nuevo arte que daría la vuelta al camp, a los conceptos de alta y baja cultura, a la banalidad y al gusto.

A lo largo de la década de 1960, junto al Arte Pop, se desarrolló en EE. UU. otra corriente artística, llamada Minimalismo (o también Literalismo o Arte ABC, entre otras denominaciones). En el Minimalismo, se daba prioridad a las formas materiales despojadas de toda referencia, a la estructura geométrica por encima de la expresión subjetiva y a la fabricación industrial antes que al trabajo artesanal. Entre las figuras clave del movimiento se encontraban Donald Judd, Dan Flavin, Carl Andre y John Chamberlain.

Hacia la misma época, surgió otro movimiento de vanguardia: el Arte Conceptual, con unos principios derivados de la simplicidad del Minimalismo, la composición en serie y una sensibilidad no exenta de ironía por el lenguaje descriptivo, favoreciendo la comunicación por encima de la producción. La serie de Joseph Kosuth Titulado (El arte como idea como idea) [Titled (Art as Idea as Idea)], las Estructuras (Structures) de Sol LeWitt y las obras invisibles de Robert Barry son representativas de este movimiento tan influyente.

En aquellos años, Artschwager trabajaba en la creación de “pinturas para el tacto” y “esculturas para la vista”. En sus obras se difuminaban los límites entre el Pop, el Minimalismo y el Arte Conceptual; Artschwager prefería que su impulso artístico permaneciera ajeno a todo intento de clasificación en una corriente u otra.

Artschwager centra su interés en nuestro entorno más inmediato y en el espacio que habitamos, donde no todo es lo que parece. Mediante el uso de nuevos materiales comerciales diseñados para uso doméstico―la formica, el Celotex o la crin de caballo revestida de caucho―, Artschwager confiere una sensación de extrañeza a sus esculturas de objetos domésticos cotidianos, en apariencia comunes y corrientes: puertas, ventanas, mesas, espejos, alfombras, etc.

En Europa, existía un contexto sociopolítico muy diferente, que dio origen a movimientos que abordaban la vida cotidiana de distintos modos.

El nuevo realismo, surgido alrededor de 1960, dotó a París de su propia versión del Arte Pop. Los nouveaux réalistes eran jóvenes artistas que utilizaban los materiales y los desechos de la cultura de consumo en obras de arte que contenían abundantes referencias a la vida en las calles.

En Alemania Occidental, en 1963, Gerhard Richter, Sigmar Polke y Konrad Lueg fundaron el Realismo Capitalista. Tiempo después, Lueg abrió la galería Konrad Fischer (con el apellido de soltera de su madre), donde se exponían obras de Artschwager y de muchos otros artistas conceptuales y minimalistas. Richter, Polke y otros integrantes del Realismo Capitalista representaban imágenes de los medios de comunicación de masas de un modo similar al del Arte Pop, introduciendo matices críticos según el estilo conocido como Realismo Socialista, que dominaba el arte producido en los países del Este.

Para muchos de los integrantes de estas corrientes que redefinieron la naturaleza del objeto artístico, el arte encontrado o readymade de Duchamp constituyó una referencia histórica fundamental. Con la polémica presentación de su Fuente (Fontaine) en 1917, Duchamp inauguró un enfoque artístico irónico y radical, basado en cuestiones conceptuales y no materiales. Para Duchamp, un objeto funcional ―un botellero, un urinario o una rueda de bicicleta― podía convertirse en arte sin necesidad de ser transformado físicamente: bastaba con darle una nueva ubicación.

En un momento clave de su vida, Richard Artschwager dejó su trabajo como carpintero y ebanista para dedicarse de lleno al arte. Como pintor y escultor, pretendía crear obras que no tuviesen función alguna y que, a la vez, invitaran justamente a la reflexión sobre el significado de la función en nuestros espacios y en nuestra vida. Con esta intención, inventó los blps, signos que nos obligan a prestar atención a nuestro entorno. De distintos materiales y tamaños, los blps pueden colocarse en cualquier superficie y lugar, suspendidos en lo alto o apoyados sobre el suelo, dentro o fuera del espacio expositivo.

Richard Artschwager with Door }, 1984
Foto: Ben Blackwell

Como parte del proyecto Didaktika, patrocinado por BBK, el Museo diseña espacios didácticos, contenidos online Sabías que...? y actividades especiales que complementan cada exposición; brindando herramientas y recursos para facilitar la apreciación y comprensión de las obras expuestas.