Guggenheim

Sala 103

Esta sala presenta la obra de la artista y escritora japonesa Yayoi Kusama (Matsumoto, Nagano, 1929) Sala de espejos del infinito – Deseo de felicidad para los seres humanos desde más allá del universo (2020), incluida en la exposición Secciones/Intersecciones. 25 años de la Colección del Museo Guggenheim Bilbao, organizada con motivo del 25º Aniversario de la institución.

Kusama es una voz singular que la historia del arte ha recuperado y situado en el lugar relevante que le corresponde. Figura pionera y destacada de la creación contemporánea, concibe el arte como un medio para el cambio social, sirviéndose para ello de la performance, la pintura, el dibujo, la escultura, la literatura y de sus conocidas instalaciones inmersivas, las Salas de espejos del infinito.

La artista comenzó a trabajar los motivos que caracterizan su producción a una edad temprana, como consecuencia de las alucinaciones que sufría. Pronto los patrones y reiteraciones inundaron su obra y, tras su llegada a Nueva York a finales de los años cincuenta, estos quedaron plasmados en primer lugar en las Redes de infinito, grandes pinturas monocromáticas que paulatinamente irían expandiéndose, hasta ocupar muros y luego estancias, desde el suelo hasta el techo.

Durante la década de 1960, Kusama desarrolló un importante activismo, utilizando su arte y en especial el cine y la performance para evidenciar los cambios que demandaba a la sociedad de la época. La falta de reconocimiento “oficial” de su obra generará en ella una profunda crisis, que conllevará su regreso a Japón en los años setenta y su autoexilio de la esfera pública, para seguir trabajando, centrándose en el arte como terapia. No será hasta la década de 1980 cuando se inicie la recuperación pública de su obra, mediante la exposición de sus piezas, que servirán de estímulo para nuevas creaciones.

Con Sala de espejos del infinito – Deseo de felicidad para los seres humanos desde más allá del universo, una de las últimas obras realizada por la artista nonagenaria, nos introduce de nuevo en una experiencia inmersiva. Este espacio proyecta las alucinaciones de Kusama, nos hace partícipes de su universo obsesivo y nos transmite la necesidad de la “auto-obliteración”, invitándonos a desaparecer en el vibrante y único juego de las luces de colores, que se multiplican sin límites en las paredes especulares de esta habitación infinita.