Guggenheim

En 1935 Alberto Giacometti se distancia del movimiento surrealista y vuelve a trabajar a partir de modelos, como su hermano Diego y la modelo profesional Rita Gueyfier, que posan para él a diario. El escultor explora diversas técnicas de modelado y pasa de trabajar por facetas geométricas a hacerlo de una manera más expresiva.

En la década de 1940, durante la Segunda Guerra Mundial, Giacometti comienza a crear figuras alargadas, escuálidas, de contornos desdibujados, que sugieren la figura humana vista desde lejos. Afirma que las figuras grandes le parecen falsas y que solo cuando las representa largas y estilizadas son fieles a su visión del ser humano.

Giacometti vuelve a utilizar el motivo de la caja a principios de los años cincuenta en numerosas obras, como Figurita entre dos casas (1950). La caja alude de una manera gráfica a diferentes conceptos relacionados con el existencialismo, como confinamiento, aislamiento o angustia, que pueden estar vinculados a la propia existencia. Esta misma idea subyace en las obras sobre el tema de la “jaula” con el que ya había experimentado durante su etapa surrealista, como ejemplifica La nariz (1947), cuyo extremo perfora literalmente el marco que la delimita, asomándose al exterior.

En El bosque (1950), Giacometti reúne una serie de figuras alargadas, ancladas a una base, de manera que se asemejan en cierto modo a un bosque. Están de pie, como si fueran árboles, y próximas entre ellas; sin embargo, no se tocan.

La relación entre estas figuras alargadas, arbóreas, se crea a través del espacio negativo en el que cohabitan. Esta y otras piezas similares de una sola figura o grupos de ellas expresan las ideas sobre las que Giacometti reflexiona en este momento: la convicción de que podemos sentirnos aislados incluso en un espacio abarrotado de gente, como calles y plazas, o en espacios abiertos.