Guggenheim

Esther Ferrer (Donostia/San Sebastián, 1937) es una pionera del arte de la performance en España y una de sus principales representantes. Desde el inicio de su carrera, a finales de los años sesenta, desarrolla diferentes líneas de pensamiento a través de una gran variedad de formas y materiales.

La obra Las risas del mundo (1999/2018) se materializó con motivo de la exposición Espacios entrelazados (Museo Guggenheim Bilbao, 2018), una muestra “aérea”, transparente, por la que el público pudo circular contemplando las obras desde diferentes puntos de vista o perspectivas.

“Para mí, el arte es el único espacio de libertad que existe y en él me lo he permitido todo. Y, al mismo tiempo, es lo que esperas del espectador, que experimente su libertad. No le ofreces conclusiones, sino preguntas, cuestionamientos, para que, de manera autónoma, genere sus propias reflexiones e interpretaciones personales”, afirma Esther Ferrer.

La artista cita a otros autores a la hora de explicar la importancia que concede a la risa: “‘Es más fácil hacer llorar que reír’, una frase atribuida a Satie. Una pena, teniendo en cuenta los múltiples beneficios que la risa nos aporta, pues, según dejó escrito Freud, ‘libera la energía negativa’, lo cual confirma, en el fondo, lo que comentaba Hipócrates refiriéndose a Demócrito, que la risa era ‘el medio principal para preservar su salud mental’. No en vano, se dice que el valor de la filosofía es enseñar al hombre a reírse de sí mismo y, en consecuencia, paliar en parte su sufrimiento. Un sufrimiento al que también se refirió Nietzsche, cuando escribió: ‘El hombre sufre tanto en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa’”.

La instalación Las risas del mundo no pretende servir como risoterapia; su objetivo fundamental es que el espectador, además de reírse, “escuche las risas del mundo”, las de los niños, las de los ancianos y las de los adultos de diferentes países y culturas, pues cada cultura, cada lengua —algunos estudiosos afirman que la risa es el origen del lenguaje— modela la risa de manera diferente.

Tal y como enunció Sócrates: “Solo sé que no sé nada”, pero al mismo tiempo tenemos el poder de comprender el mundo que nos rodea, a través de un método sencillo de hacer preguntas constantes y lógicas hasta encontrar la verdad. Pitágoras y Platón pensaban que cuando escuchamos música podemos volver a vibrar con todo el universo, a sentirlo, a experimentarlo. En el caso de Ferrer, su curiosidad por los ruidos, sonidos y vibraciones de este mundo nos recuerdan las palabras de John Cage: “Es la escucha, que se para y vuelve a comenzar”.