Guggenheim

El proyecto In Focus diseñado para la exposición Lee Krasner. Color vivo forma parte de su Didaktika y recoge la trayectoria de esta tenaz artista que, desde sus comienzos en Nueva York a finales de la década de 1920, luchó por adquirir su formación plástica, realizar su obra y afianzar su figura en el contexto de la primera generación de creadores del Expresionismo Abstracto norteamericano.

MÁS DE UNA LEE KRASNER

Lee Krasner (Lena Krassner) nació en 1908 en Brooklyn, Nueva York, en el seno de una humilde familia proveniente de un pequeño pueblo cercano a Odesa (en la actual Ucrania), que se vio obligada a exiliarse en EE. UU. en 1905 a causa de la violencia antisemita de los pogromos que sufrió su localidad. Krasner vino al mundo tres años después y, al ser criada en un hogar judío ortodoxo, fue educada para cumplir con el rol tradicional que en la época se le asignaba a la mujer.

HACIA LA INDEPENDENCIA

En 1920 la 19ª Enmienda de la Constitución de EE. UU. reconocía el derecho al voto de las mujeres. Estos primeros pasos en favor de la liberación de la mujer que habían empezado a darse en la sociedad estadounidense tuvieron un gran impacto en Krasner.

Desde muy joven manifestó su determinación por ser artista. A los 14 años solicitó acceder a la única escuela neoyorquina que ofrecía clases de arte para mujeres, la Washington Irving High, y también anunció su ruptura con la religión, una decisión que, si bien no fue respaldada, tampoco supuso para ella un desarraigo familiar.

CON UN OBJETIVO CLARO

Con el objetivo de llegar a ser artista, Krasner se formó en diversos centros de enseñanza, y debió enfrentarse a los impedimentos que en aquella época dificultaban el acceso de las mujeres a esos estudios. En 1926 se matriculó en la Women’s Art School de la Universidad Cooper Union.

Tras su paso por la National Academy of Design, que le pareció demasiado tradicional, Krasner entró en 1937 en la escuela del artista Hans Hofmann, cuyas teorías sobre el Cubismo y el uso del color y la forma causaron en ella un profundo impacto. El propio Hofmann, asombrado por su talento, afirmó de su trabajo: “Es tan bueno que nadie pensaría que ha sido pintado por una mujer”. Este comentario, que pretendía ser un elogio pero que, comprensiblemente, no se tomó como tal, deja patente cómo, además de superar los obstáculos propios del mundo del arte, Krasner tenía la dificultad añadida de ser mujer.

PESE A LA ADVERSIDAD

Durante la gran inestabilidad económica que acarreó el crac bursátil de 1929, que sumió a EE. UU. en una gran depresión, Krasner persistió con su pintura, a pesar de la escasez de recursos económicos y materiales. Pudo subsistir gracias a trabajos de distinta índole, como sus proyectos de 1934 y 1941 para la Works Project Administration (WPA), una agencia gubernamental cuya misión era luchar contra la pobreza y el desempleo generalizados. La WPA dio trabajo a unos 10.000 artistas y artesanos, encargándoles murales y estatuas para escuelas, hospitales y otros edificios públicos.

Cuando la WPA anunció despidos masivos de artistas, Krasner participó en diversas huelgas y manifestaciones. En una de estas reivindicaciones, Lee Krasner se identificó ante la policía como la célebre pintora Mary Cassat.

LO PRIMORDIAL ES LA PINTURA

En los años cuarenta, Krasner afrontó un nuevo reto. Contrajo matrimonio con el también artista Jackson Pollock —que poseía un carácter temperamental—y juntos se trasladaron a una nueva residencia en Springs, Long Island.

Paradójicamente, muchas instituciones artísticas y galerías que en sus inicios habían sido promovidas por mujeres consagraron escasas exposiciones a la obra de mujeres artistas. La primera muestra dedicada por una galería de arte a Krasner se celebró en 1951. La artista continuó pintando pese a las penurias, las dificultades económicas del momento y el gradual deterioro de su relación con Pollock.

LA HERENCIA DE UN NUEVO ROL

En 1956, tras el fatal accidente automovilístico en el que Jackson Pollock falleció prematuramente, Krasner se convirtió en viuda a los 47 años, y tuvo que compaginar su propio trabajo como artista con la gestión del legado de su marido, que posteriormente asociaría a su propio nombre mediante la Pollock-Krasner Foundation.

Tras el período de duelo, y demostrando nuevamente una gran resiliencia, Krasner retomó la pintura, y se unió en 1972 al colectivo Women in the Arts, participando en varias manifestaciones junto a consagradas figuras, como Louise Bourgeois o Chryssa.

Foto:
Lee Krasner in her studio in the barn, Springs, 1962.
Image taken by Hans Namuth. Center for Creative Photography / The University of Arizona, -The Hans Namuth Archive-.